Toda la tecnología que usamos esta obsoleta

Leo vía vivalared.com :

Vivimos en un mundo altamente tecnológico, y creemos que la tecnología que usamos es totalmente nueva (lo mas puntero) y eso no es cierto salvo en contadas ocasiones, para que veais de lo que hablo vamos a ilustrar esto con algunos ejemplos a ver que os parece

Nos quieren hacer creer que las televisiones lcd o plasma son la leche, cuando realmente es una tecnología que se usa desde hace mas de 15 años, a día de hoy ya hay modelos de pantallas led ultra finas en el mercado, pero realmente esa tecnología que apenas hemos llegado a vislumbrar también esta a un paso de quedarse totalmente obsoleta y ya lo estaría de no ser por los intereses económicos de los fabricantes que tienen la obligación de rentabilizar la maquinas que fabrican estos modelos, ya que la tecnología oled esta siendo frenada a propósito para este fin

pantalla-oled1

Bombillas de bajo consumo, jajaja, las leds son el futuro y hace mas de cuatro años que las podríamos tener en casa, pero claro entonces quien compraría las de bajo consumo

bombillas-led

Los coches eléctricos parecen el futuro, pero realmente son del pasado ya que el primer coche eléctrico es del siglo 19, pero claro quien iba a usar el querido petroleo para destruir el medio ambiente si por 1€ de electricidad pudieras recorrer mas de 150 km

Las placas solares que usamos en Europa son casi las que usaba la nasa en sus primeras misiones en el espacio, hace mas de 10 años que la nasa usa “velas solares” mas baratas y eficientes

velas-solares-nasa


Y después de todo esto,aun pensáis que la tecnología de la que disfrutamos hoy es moderna, pues nada de eso , la mayoría de la tecnología que utilizamos tiene mas de 20 años, y eso es mucho tiempo

Categorías:obsolescencia

El concepto de la obsolescencia programada

Por Julio César Fernández el 19 de Enero de 2011 en appleweblog.com

Obsolescencia programada: el deseo del consumidor de poseer algo un poco más nuevo, un poco antes de lo necesario. (Brooke Stevens, padre del concepto actual de Obsolescencia Programada)

El otro día, en este mismo lugar, se generó un interesante debate provocado por mi artículo sobre las razones del abandono del iPhone 3G. En los comentarios se generaron una serie de opiniones a favor o en contra de Apple (y el resto de marcas) por lo rápido que marcan como obsoletos, o fuera de su ciclo comercial, la mayoría de dispositivos que fabrican. Sólo tenemos que echar un vistazo al resto de elementos electrónicos del mercado, para darnos cuenta de una realidad más que clara: televisiones, reproductores, ordenadores, dispositivos móviles… Todo lo que tenga que ver con la electrónica tiene una “esperanza de vida” bastante corta, en lo que muchos han dado por llamar “la obsolescencia programada de la tecnología”.

Por un lado, el motivo de esta obsolescencia (desde el punto de vista de los fabricantes) se debe a lo deprisa que avanza la tecnología, pero no siempre es así como ya nos contó nuestro compañero Dani no hace mucho. Por ejemplo, y saliendo del sector que nos ocupa, hace sólo 4 años compré una Sony Bravia de 32” HD Ready… ¡con una entrada HDMI!. El TV costó bastante caro y era el Jumbo de los TV en aquel momento. Ahora, cuando lo miras y comparas con lo que se vende, da la risa. Pero así es la tecnología. Aunque, habría que hacerse una pregunta, que es a donde quiero llegar con este artículo: ¿es esa Sony Bravia de 32” diferente a la que compré hace 4 años? ¿Ha dejado de hacer aquello para lo que fue comprada? No. Sigue exactamente igual que la compré. Entonces: ¿por qué pensamos que ya no nos sirve? Desde mi punto de vista porque el ser humano tiende a desear aquello que es mejor y da más posibilidades que lo ya tiene. En conclusión: dicha obsolescencia programada está marcada por nuestro deseo inherente de acceder a las últimas posibilidades que nos ofrecen los fabricantes, quienes, sabiendo esto, nos las venden como si lo que ya tenemos no sirviera. Dicha obsolescencia programada no es más que una estrategia comercial en la que caemos sin remisión.

El antiguo enfoque europeo era crear el mejor producto y que durara para siempre. Te comprabas un buen traje para llevarlo desde tu boda hasta tu entierro sin poder renovarlo. El enfoque americano es crear un consumidor insatisfecho con el producto que ha disfrutado, que lo venda de segunda mano, y que compre lo más nuevo con la imagen más nueva posible. (Brooke Stevens)

Pasemos entonces a hablar del citado iPhone 3G. Imaginen ustedes a día de hoy este terminal y háganse esta pregunta: ¿ha dejado este terminal de hacer aquello para lo que fue comprado? No. Se compró por una serie de características y prestaciones. Con el tiempo, estas prestaciones se han ido aumentando y al final, las últimas de ellas han dejado de incluirse porque el hardware del mismo ya no tiene capacidad para hacerlo (según Apple). Pero lo realmente importante, es que no hemos perdido funcionalidad con respecto a la que teníamos en su día. El terminal hace exactamente lo mismo. Es más, hace más cosas que cuando lo compramos. Entonces, ¿cuál es el problema? En teoría nosotros compramos algo porque tiene la característica A y B y hace C y D. Pasa el tiempo y de pronto, ahora ya puede hacer también E y F. Pero pasado algo más de tiempo, otros más nuevos que él hacen G y H pero el nuestro ya no porque necesita la característica C que sólo el nuevo tiene, o simplemente, no hace G y H tan bien como los modelos más nuevos. También existe la posibilidad que el nuestro pueda con G y H, pero el fabricante diga que no y no de explicación a ello (caso Apple). O también que pueda hacer G y H pero el fabricante pase de actualizarlo para que pueda hacerlo (caso Android).

Es muy diferente cuando la obsolescencia es premeditada, caso de impresoras que incorporan chips de conteo de impresiones. Llegado un límite, la impresora deja de imprimir. Baterías que tiene “supuestos ciclos de carga”. Cuando se agotan, nos sale más barato comprar un dispositivo nuevo que cambiar la batería. Eso es fraude. Un fraude consentido por los gobiernos y las empresas. Pero, no todo es así de crudo, y la verdadera estrategia no es hacer cosas que se estropeen, sino hacerlas para que en poco tiempo nosotros tomemos la decisión que ya no nos sirve. Y esa decisión la tomamos porque queremos lo que hace el modelo nuevo, no porque el nuestro haya dejado de funcionar. El caso más claro es el del iPod blanco de click-wheel, por poner un ejemplo personal.

Llegó a mis manos en octubre de 2004, hace casi 7 años. En aquel momento, la gente que lo veía no daba crédito. En España, los iPod eran algo que no se conocía en exceso y que sólo unos pocos geeks (como yo mismo) tenían. A día de hoy, ese iPod está totalmente desfasado. Es el abuelo de los reproductores musicales. Pero… ¿por qué? Porque yo lo he etiquetado así, ni más ni menos. Yo lo compré para llevar 20Gb de música en su interior y poder ir cómodamente a cualquier sitio. A día de hoy, sigue haciéndolo. Igual de bien que cuando lo compré. ¿Por qué entonces pedí un iPod Touch de 1ª generación en navidades de 2007? Porque caí, como muchos hacemos, en la estrategia comercial que hace que la obsolescencia parta de nosotros mismos, no del fabricante. Es uno mismo quien libremente decide ir a la tienda. Nadie te obliga a ello. No te obligan, pero te tientan. El iPod del año 2004 está ahora en la guantera del coche, con su conexión, dando un servicio magnífico. Sigue funcionando en iTunes, sigue admitiendo los mismos formatos… todo igual. Nada a cambiado en él, sólo mi deseo de tener algo que me aporta más funciones, más características o una interfaz más fluida y elegante.

Pero estas estrategias comerciales no siempre funcionan, porque llega un momento en que poco más hay que ofrecer. El mercado de los smartphones está tocando un punto importante para el consumidor. Un punto en que poco más hay que poner sobre la mesa como posibilidades que realmente aporten algo. El último iPhone 4 es una prueba de ello. Analizado fríamente, sin contar con que sea un gran terminal, sólo aporta un giroscopio que casi ni se usa, una cámara de algo más de resolución y una pantalla de resolución cristalina. ¿Aporta eso algo realmente productivo para un uso de teléfono, email, web, aplicaciones, juegos…? Aporta más comodidad, pero nada que sea realmente necesario. De hecho, tengo varios conocidos con su iPhone 3GS o 3G que no necesitan más y es normal. Yo cogí el 4 porque venía de un Android y quería pasar a iPhone, y claro, compré el último modelo porque en ese momento pude. ¿Qué más puede aportar un iPhone 5 para que merezca la pena? Poco que realmente sea productivo, si somos lo suficientemente analistas como para ver el verdadero cambio y hacernos esta sencilla pregunta: ¿realmente necesito G y H si ya tengo de la A a la F?

Esto es lo que sucede ahora en el mundo del TV, por extrapolar un camino al que llegarán los smartphones. Llegado a un punto de evolución en los TV LCD y Plasma, ahora todo es irse al LED, supuesta mejor calidad de imagen (mentira, los LED de marco dan la peor calidad del sector). Y sobre todo, con el gran timo del 3D, donde ahora quieren que tras establecer unos parámetros de consumo basados en alta definición, imagen a 24 fotogramas por segundo respetando el concepto del director y sonido sin compresión, nos carguemos todo eso. Ahora quieren que las películas se vean a la mitad de definición, a 240 imágenes por segundo, con los colores, brillo y demás parámetros mutilados… para tener una sensación de profundidad (y de mareo). Previo paso por caja de TV, reproductor y gafas activas con X horas de vida (y no compatibles de una marca a otra). En ese sentido, es tan ridículo que no cuela (en muchos casos, en otros cuela), como el querer convencer a mucha gente que la alta definición es lo mejor, cuando para ellos un DVD es calidad más que suficiente.

Sólo hace falta tener un poco de sentido común, ser un buen analista de productos (internet es una fuente inagotable de información sobre calidad y productos) y hacernos la siguiente pregunta antes de ir a comprar: ¿realmente necesito eso o con lo que tengo ya cubro lo que realmente necesito?

Categorías:obsolescencia

El coste de la tecnología a través de los años

Nos podemos hacer una idea segun la evolución de los precios, que los productos han de ser de menor calidad obligatoriamente. Esto origina que duren menos y estemos obligados a renovarlos más a menudo, aunque no queramos.

Categorías:obsolescencia

El fin del conector VGA

23/01/2011 1 comentario

Via obsoletos.org nos informan:

Intel y AMD se han puesto de acuerdo ¿En qué se pueden poner de acuerdo las dos partes de un duopolio? Pues en sacarnos los cuartos, obviamente. Así que han sacado una nota de prensa en la que anuncian que abandonarán la tecnología VGA en 2015.

VGA, que significa Video Graphics Array, es en realidad un conjunto de tecnologías que permiten a los ordenadores comunicarse con los monitores desde 1988. Es uno de los últimos estándares populares de hardware creados por IBM para su PC. Hoy en día, aunque VGA se considera lo mínimo y de hecho soporta bastante bien altas resoluciones, tiene su competencia en otros estándares como DVI y HDMI. La novedad de éstos es que transmiten digitalmente los datos, con lo que… los cables cuestan una pasta, no pueden ser muy largos, no son tan agradablemente plug&play, y pueden traer tecnología de encriptado, lo que te impediría ver una peli que el cable decida que no debes ver ¡Pero bueno! Y ojo, que de la calidad de imagen nadie habla porque no mejora.

Los argumentos reales para sustituir el VGA -o sea, reales aparte de matar una tecnología barata, sencilla y robusta para sustituirla por otra cara con la que ganar más dinero- son básicamente su relativamente alto consumo (5 voltios) y el tamaño del enchufe.

El caso es que todo lo relacionado con el home cinema -televisores, decodificadores, centros multimedia- se conectan mediante cables de éstos raros. Es probable que tengas uno. Nosotros lo máximo que hemos llegado a catar es el DVI, que según la misma nota de prensa de AMDIntel ¡también está obsoleto! Así que llamamos a la rebelión. VGA es una tecnología perfectamente válida y para sustituirla -en nuestros corazones y en nuestros ordenadores- van a tener que darnos algo que la mejore notablemente.

Fuente: obsoletos.org

Categorías:obsolescencia

La Historia de las Cosas

Desde su extracción hasta su venta, uso y disposición, todas las cosas que hay en nuestras vidas afectan a las comunidades, y sin embargo la mayoría de todo esto se oculta. La Historia de las Cosas es un DVD entretenido, dinámico y cargado de datos, que describe en 20 minutos el lado oculto de nuestros patrones de producción y consumo. La Historia de las Cosas expone las conexiones entre una gran cantidad de problemas ambientales y sociales, y hace un llamado a que nos unamos para crear un mundo más sustentable y justo. Les enseñará mucho, les divertirá y puede que cambie para siempre la visión que tienen sobre las cosas.

Categorías:obsolescencia

Obsolescencia Planificada – Definición en Wikipedia

Se denomina obsolescencia planificada o obsolescencia programada a la determinación, planificación o programación del fin de la vida útil de un producto o servicio de modo que este se torne obsoleto, no funcional, inútil o inservible tras un período de tiempo calculado de antemano, por el fabricante o empresa de servicios, durante la fase de diseño de dicho producto o servicio. La obsolescencia planificada tiene un potencial considerable y cuantificable para beneficiar al fabricante dado que el producto va a fallar en algún momento, obligando al consumidor a que adquiera otro producto nuevamente,[1] ya sea del mismo productor (mediante la adquisición de una parte para reemplazar y arreglar el viejo producto o mediante la compra de un modelo del mismo más nuevo), o de un competidor, factor decisivo que también se prevé en el proceso de obsolescencia planificada.

Para la industria, la obsolescencia planificada estimula positivamente la demanda al alentar a los consumidores a comprar de forma artificialmente acelerada nuevos productos si desean seguir utilizándolos.[2] La obsolescencia planificada se utiliza en una alta diversidad de productos.[3] Existe el riesgo de una reacción adversa por parte de los consumidores al descubrir que el fabricante invirtió en diseñar que su producto se volviese obsoleto más rápidamente, haciendo que sus consumidores cambien a la competencia, basando su elección en la durabilidad y calidad del producto.

La obsolescencia planificada fue desarrollada por primera vez entre 1920 y 1930, momento en el que la producción en masa empieza a forjar un nuevo modelo de mercado en el cual el análisis detallado de cada parte del mismo pasa a ser un factor fundamental para lograr su éxito.

La elección de fabricar productos que se vuelvan obsoletos de manera premeditada puede influir enormemente en la decisión de cierta empresa sobre su arquitectura interna de producción. Así, la compañía tiene que sopesar si utilizar componentes tecnológicos más baratos satisface o no la proyección de vida útil que estén interesados en darle a sus productos. Estas decisiones forman parte de una disciplina conocida como ingeniería del valor.

El empleo de la obsolescencia planificada no siempre es tan fácil de determinar, y se complica aún más al entrever otros factores relacionados como pueden ser la constante competencia tecnológica o la sobrecarga de funciones que si bien pueden expandir las posibilidades de uso del producto en cuestión también pueden hacerlo fracasar rotundamente.

Contenido

[ocultar]

Desechos y contaminación

El objetivo de la obsolescencia planificada es el lucro económico inmediato, por lo que el cuidado y respeto del aire, agua, medio ambiente y por ende el ser humano, pasa a un segundo plano de prioridades. Cada producto que se vuelve obsoleto, supone contaminación. Es un evidente problema del actual sistema de producción y económico: no se ajusta en absoluto a la armonía y equilibrio de la naturaleza.

Obsolescencia por modas

Existe otro tipo de obsolescencia: aquella que vuelve obsoleto a un bien de consumo porque ha dejado de estar de moda. Algunos ejemplos serían los monitores planos que reemplazan a los estándares aunque funcionen (o bien a los receptores de televisión), o bien los colores, formas y materiales de la ropa que hablan sobre la temporada en la que fueron adquiridos. Esta forma de obsolescencia puede ser aplicada a cualquier bien.

Véase también

Referencias

Enlaces externos

Categorías:obsolescencia

La Semilla – Documental Obsolescencia Programada – ( Comprar, Tirar, Comprar )

http://www.youtube.com/watch?v=QosF0b0i2f0

04.01.2011 – Baterías que se ‘mueren’ a los 18 meses de ser estrenadas, impresoras que se bloquean al llegar a un número determinado de impresiones, bombillas que se funden a las mil horas… ¿Por qué, pese a los avances tecnológicos, los productos de consumo duran cada vez menos?
Rodado en Catalunya, Francia, Alemania, Estados Unidos y Ghana, Comprar, tirar, comprar, hace un recorrido por la historia de una práctica empresarial que consiste en la reducción deliberada de la vida de un producto para incrementar su consumo porque, como ya publicaba en 1928 una influyente revista de publicidad norteamericana, “un artículo que no se desgasta es una tragedia para los negocios”.

El documental, dirigido por Cosima Dannoritzer y coproducido por Televisión Española, es el resultado de tres años de investigación, hace uso de imágenes de archivo poco conocidas; aporta pruebas documentales y muestra las desastrosas consecuencias medioambientales que se derivan de esta práctica. También presenta diversos ejemplos del espíritu de resistencia que está creciendo entre los consumidores y recoge el análisis y la opinión de economistas, diseñadores e intelectuales que proponen vías alternativas para salvar economía y medio ambiente
Una bombilla en el origen de la obsolescencia programada

Edison puso a la venta su primera bombilla en 1881. Duraba 1500 horas. En 1911 un anuncio en prensa española destacaba las bondades de una marca de bombillas con una duración certificada de 2500 horas. Pero, tal y como se revela en el documental, en 1924 un cártel que agrupaba a los principales fabricantes de Europa y Estados Unidos pactó limitar la vida útil de las bombillas eléctricas a 1000 horas. Este cártel se llamó Phoebus y oficialmente nunca existió pero en Comprar, tirar, comprar se nos muestra el documento que supone el punto de partida de la obsolescencia programada, que se aplica hoy a productos electrónicos de última generación como impresoras o iPods y que se aplicó también en la industria textil con la consiguiente desaparición de las medias a prueba de carreras.

Consumidores rebeldes en la era de Internet

A través de la historia de la caducidad programada, el documental pinta también un fresco de la historia de la Economía de los últimos cien años y aporta un dato interesante: el cambio de actitud en los consumidores gracias al uso de las redes sociales e Internet. El caso de los hermanos Neistat, el del programador informático Vitaly Kiselev o el catalán Marcos López, dan buena cuenta de ello.
África, vertedero electrónico del primer mundo

Este usar y tirar constante tiene graves consecuencias ambientales. Tal y como vemos en este trabajo de investigación, países como Ghana se están convirtiendo en el basurero electrónico del primer mundo. Hasta allí llegan periódicamente cientos de contenedores cargados de residuos bajo la etiqueta de ‘material de segunda mano’ y el paraguas de una aportación para reducir la brecha digital y acaban ocupando el espacio de los ríos o los campos de juego de los niños.

Más allá de la denuncia, el documental trata de dar visibilidad a emprendedores que ponen en práctica nuevos modelos de negocio y escucha las alternativas propuestas por intelectuales como Serge Latouche, que habla emprender la revolución del ‘decrecimiento’, la de la reducción del consumo y la producción para liberar tiempo y desarrollar otras forma de riqueza, como la amistad o el conocimiento, que no se agotan al usarlas.

Categorías:obsolescencia